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martes, 3 de diciembre de 2013

CHINA. Ni en sueños lo imaginé.

 
A la hora de elegir un país que visitar siempre queda la duda de donde ir, hay tantos lugares para conocer.
En el año 2004 nos decidimos por un programa de la agencia de viajes de la China milenaria y vinimos encantados.
Compartimos viaje con parejas como nosotros de Asturias, Barcelona, Bilbao y Burgos y recorrimos las principales ciudades que están abiertas al turismo.
Solo por ver la Ciudad Prohibida ya merece la pena el viaje. Recordé la película del último Emperador que habré visto una y mil veces y nada decepciona, todo es grandioso, magnifico hay que verlo, sobran las palabras.
Como también sobran para describir la visita al mausoleo del Emperador Qin Shihuang Li, con sus guerreros de terracota en Xian provincia de Shaanxi. Nuestro guía nos contó la historia del descubrimiento, lo que falta por restaurar y todo lo que aún queda por excavar, grandioso, no puedo decir otra cosa.
La Gran Muralla China si no la ves no te lo crees, estuvimos en una pequeña población de las muchas que la cruzan, no me acuerdo cuanto kilómetros tiene, es impresionante.
Y como no Sanghai con su malecón y el piruli de la televisión, de día, de noche, en lo antiguo y en lo moderno, hay que pellizcarse para saber que estas allí.
China país de contrastes supongo, a los turistas nos enseñan lo bonito como en  otros muchos sitios pero lo visto supera a lo soñado, decir que me gustó mucho, es decir poco.
 

Pekin. Palacio de Verano.
 
Pekin. Ciudad Prohibida.
 
Gran Muralla China.
 
Gran Muralla China
 
Hanghzou. Parque de Hua Gang
 
Sanghai. Ciudad Vieja. 
 
Sanghai. Ciudad Vieja.
 
Sanghai. Torre de la Televisión.
 
Xian. Guerreros de terracota.
 
Xian. Guerreros de terracota.
 
Luoyang. Ciudad antigua.
 
Nanjing. Camino sagrado de las tumbas de Ming.
 
Hanghzou. Lago Oeste.
 
Tuvimos tiempo para las compras compulsivas en cualquier ciudad y en Sanghai en particular, todo era llamativo y barato. También acudimos al mercado de las copias en Pekin y cargamos con bolsas y bolsas de ropa que aún dura.
Visitamos un pequeño orfanato en Pekin, donde se nos cayó el alma a los pies y vimos miles de chinos, no son iguales.
Vimos a los mayores practicar el Tai-Chi en todos los parques y comimos comida china hasta aburrir, también pizzas y hamburguesas de las marcas conocidas en las grandes ciudades, no faltaba de nada también la Coca Cola.
Y vivimos una experiencia muy emotiva, en el viaje de ida conocimos a quince parejas que viajaban a China a recoger a sus bebés de adopción. A la vuelta viajaban con ellos en nuestro mismo vuelo, pudimos  conocer sus historias, ver sus caritas y a las familias emocionadas al recibirlos en Madrid.